En una de mis columnas anteriores me atreví
a titular: Junior; todo bien, vamos por
la Sexta Estrella.
Pero al mismo tiempo en ella hice algunas precisiones de las cuales no
estuvimos exentos en el desarrollo del octagonal. Recuerdo que escribí de la
siguiente manera: En esta competencia lo mejor sería no hablar de
los árbitros, dicho de otra forma; entre menos se mencione a los árbitros en el
manejo de los resultados sería mucho mejor la fiesta del futbol porque comentan
de continuo que si no mencionan al vestido de negro es porque lo hizo bien o no
ha terciado en el trámite del resultado, yo sé porque lo digo. Y por lo menos
todos recuerdan lo que sucedió con Imer Manchado. Aun después del resultado catastrófico evidente me atrevo a sentenciar lo
mismo, porque ahora más que nunca confió en la afirmación del técnico Julio
Avelino Comesaña, quien anunció a la afición tiburona que estábamos para
alcanzar la sexta en el año que está corriendo y el 2009 no se ha terminado.
Lo que
estoy garabateando no lo tomen como un consuelo de tonto, más bien tomémoslo
como una cavilación que viene al caso. Con todas las vicisitudes previas el que
acaba de caer: Es para el pueblo de Barranquilla, para la Costa Caribe y todo
su entorno no un balde si no un tanque de agua congelada, o dígame usted amigo
Juniorista, quien esperaba que en curramba diluviara hasta con granizo, al
menos, como sucedió el domingo aquel en el preámbulo del infausto resultado.
Alguien se detuvo a consolar a Oscar Borrás, cuando con el tiburón a cuestas
partía con su corazón destrozado rumbo a su casa a ver el partido rodeado del
cariño de su esposa y sus hijos porque lo habían expulsado injustamente de su hábitat
haciendo tabla rasa por el caso de Willi. Jamás podre olvidar la sentencia de
“Chalo” González, un periodista bogotano cuando al verlo salir sitiado por la
tristeza le metió el micrófono y le preguntó; Borrás, no cree que esto que le
hacen hoy se puede convertir en una señal de mal presagio. No sé, el tiempo lo
dirá, pero yo sigo siendo Juniorista a morir. Contesto Borrás con lagrimas en
los ojos.
Como todo
hincha fiel a los colores de una divisa, estamos avocados a soportar los rigores y las secuelas que se
padecen a partir del pitazo final que nos deja viendo un chispero sumidos en la
irrefutable realidad de cuanto tenemos y cuanto podríamos alcanzar, mientras
tanto no nos queda de otra.
Sobreponernos
de un duro golpe que trunca un mundo de ilusiones, tratando de retomar la motivación que nos permita reanudar
la marcha por el camino que lleva a otra ocasión de reivindicar la alegría de
vivir y así superar este momento de pérdida emocional que nos reimplante el
orgullo y la emotividad de la afición más alegre del planeta tierra. Para
cerrar este párrafo déjenme exponerle la siguiente reflexión; la derrota
deportiva causa en un principio dolor y tristeza, pero como está estacionada en
un ambiente lúdico, es una motivación del espíritu que nos da una nueva
oportunidad frente al instinto de superación. Y por lo tanto en mi interior
abrigo la esperanza de que estos muchachos del Junior sean de casta bravía y
puedan sacar fuerzas para ese logro, actitud que los enriquece a ellos y a su autoestima.
Y para aquellos que nos quieren atormentar
preguntándonos que ahora que somos, se las devuelvo, acaso tu papá dejar de ser
papá porque este en las buenas o en las malas…Mira, un Papá es la combinación
extraña, de amor, pasión y sentimientos, es aquel man que sabe decir no cuando
es lo justo y sabe decir si cuando es lo conveniente…Ese es Junior tu Papá. Aja
y como no sentirse orgulloso de ser
Juniorista, si el Junior de Barranquilla acaba de mostrarse ante el mundo con
la identidad deportiva, folclórica y cultural que le identifica en
representación del Pueblo Costeño. Si ser
Juniorista es defender y difundir a los cuatro vientos los dichos y costumbres
del Caribe Colombiano, como patrimonio intransferible del sentir caribeño
máxima expresión de la
Barranquillería.
Si el Junior, es el carnaval, es el
Ñero, quien lo vive y quien lo goza. Es la luna de Barranquilla, que tiene una
cosa que maravilla, es la manifestación social de una colectividad que
vive al vaivén de sus resultados, porque la alegría o la tristeza
currambera están supeditadas al momento en que el Junior convierta o le anoten
un gol, tal como coexistimos el domingo que se fue en el Metropolitano. Pero
además el Junior, es como sucede, acontece y pasa ahora; el termómetro anímico
de la “Puerta de Oro” en cuyos grados se mide con facilidad los lunes y los
jueves antes y después de los partidos, donde la dependencia entusiasta está
supeditada a como le vaya al equipo tiburón.Pilas, borrón y cuenta nueva que
ahora viene la gozadera del finalización y la Sexta la vamos a festejar empatando con el
Carnaval.