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Por: Rafael Oñate Rivero
Hay que orgulloso me siento de ser Juniorista

En una de mis columnas anteriores me atreví a titular: Junior; todo bien, vamos por la Sexta Estrella. Pero al mismo tiempo en ella hice algunas precisiones de las cuales no estuvimos exentos en el desarrollo del octagonal. Recuerdo que escribí de la siguiente manera: En esta competencia  lo mejor sería no hablar de los árbitros, dicho de otra forma; entre menos se mencione a los árbitros en el manejo de los resultados sería mucho mejor la fiesta del futbol porque comentan de continuo que si no mencionan al vestido de negro es porque lo hizo bien o no ha terciado en el trámite del resultado, yo sé porque lo digo. Y por lo menos todos recuerdan lo que sucedió con Imer Manchado. Aun después del resultado catastrófico evidente me atrevo a sentenciar lo mismo, porque ahora más que nunca confió en la afirmación del técnico Julio Avelino Comesaña, quien anunció a la afición tiburona que estábamos para alcanzar la sexta en el año que está corriendo y el 2009 no se ha terminado.  

 

Lo que estoy garabateando no lo tomen como un consuelo de tonto, más bien tomémoslo como una cavilación que viene al caso. Con todas las vicisitudes previas el que acaba de caer: Es para el pueblo de Barranquilla, para la Costa Caribe y todo su entorno no un balde si no un tanque de agua congelada, o dígame usted amigo Juniorista, quien esperaba que en curramba diluviara hasta con granizo, al menos, como sucedió el domingo aquel en el preámbulo del infausto resultado. Alguien se detuvo a consolar a Oscar Borrás, cuando con el tiburón a cuestas partía con su corazón destrozado rumbo a su casa a ver el partido rodeado del cariño de su esposa y sus hijos porque lo habían expulsado injustamente de su hábitat haciendo tabla rasa por el caso de Willi. Jamás podre olvidar la sentencia de “Chalo” González, un periodista bogotano cuando al verlo salir sitiado por la tristeza le metió el micrófono y le preguntó; Borrás, no cree que esto que le hacen hoy se puede convertir en una señal de mal presagio. No sé, el tiempo lo dirá, pero yo sigo siendo Juniorista a morir. Contesto Borrás con lagrimas en los ojos.

 

Como todo hincha fiel a los colores de una divisa, estamos avocados a  soportar los rigores y las secuelas que se padecen a partir del pitazo final que nos deja viendo un chispero sumidos en la irrefutable realidad de cuanto tenemos y cuanto podríamos alcanzar, mientras tanto no nos queda de otra.

 

Sobreponernos de un duro golpe que trunca un mundo de ilusiones, tratando de  retomar la motivación que nos permita reanudar la marcha por el camino que lleva a otra ocasión de reivindicar la alegría de vivir y así superar este momento de pérdida emocional que nos reimplante el orgullo y la emotividad de la afición más alegre del planeta tierra. Para cerrar este párrafo déjenme exponerle la siguiente reflexión; la derrota deportiva causa en un principio dolor y tristeza, pero como está estacionada en un ambiente lúdico, es una motivación del espíritu que nos da una nueva oportunidad frente al instinto de superación. Y por lo tanto en mi interior abrigo la esperanza de que estos muchachos del Junior sean de casta bravía y puedan sacar fuerzas para ese logro, actitud que los enriquece  a ellos y a su autoestima.

 

Y para aquellos que nos quieren atormentar preguntándonos que ahora que somos, se las devuelvo, acaso tu papá dejar de ser papá porque este en las buenas o en las malas…Mira, un Papá es la combinación extraña, de amor, pasión y sentimientos, es aquel man que sabe decir no cuando es lo justo y sabe decir si cuando es lo conveniente…Ese es Junior tu Papá. Aja y  como no sentirse orgulloso de ser Juniorista, si el Junior de Barranquilla acaba de mostrarse ante el mundo con la identidad deportiva, folclórica y cultural que le identifica en representación del Pueblo Costeño. Si  ser Juniorista es defender y difundir a los cuatro vientos los dichos y costumbres del Caribe Colombiano, como patrimonio intransferible del sentir caribeño  máxima expresión de la Barranquillería.

 

Si el Junior, es el carnaval, es el  Ñero, quien lo vive y quien lo goza. Es la luna de Barranquilla, que tiene una cosa que maravilla, es la manifestación social  de una colectividad que vive al vaivén de sus resultados, porque la alegría o la tristeza  currambera están supeditadas al momento en que el Junior convierta o le anoten un gol, tal como coexistimos el domingo que se fue en el Metropolitano. Pero además el Junior, es como sucede, acontece y pasa ahora; el termómetro anímico de la “Puerta de Oro” en cuyos grados se mide con facilidad los lunes y los jueves antes y después de los partidos, donde la dependencia entusiasta está supeditada a como le vaya al equipo tiburón.Pilas, borrón y cuenta nueva que ahora viene la gozadera del finalización y la Sexta la vamos a festejar empatando con el Carnaval.

 

Daaaaalllllleeeeeeeee Juuuunnnnniiiiioooorrrrrrrr

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