Los primeros párrafos de esta rica historia, que
contiene ochenta y cinco capítulos llenos de
memorables jornadas deportivas se
escribieron en una cálida noche barranquillera del siete de agosto de
l.924, en la intersección de Calle de las Vacas y el Callejón del Buen Retiro
por iniciativa de Doña Micaela Lavalle, una dinámica mujer apasionada por el
deporte que practicaban sus hijos, Juan, Marcos y Gabriel “vigorón “Mejia.
En los parámetros
rectores de la Institución Deportiva quedo registrado un decálogo que no se
podía profanar como era el de enaltecer el espectáculo del buen fútbol y el
respeto por la tradición y las buenas costumbres de la Capital del Atlántico,
sede inamovible de su retórica andanza. Cual era Defender con lealtad y
pundonor los colores, amarillo, rojo y
verde de la “Ciudad más Chévere” del mundo, identificarse con los atributos que
la naturaleza dio al terruño que le vio nacer, las cayenas florecidas, los
tambores replicantes de la cumbiamba, el sudor copioso de la barriada que juega a la bola de trapo,
confundirse en la originalidad del disfraz cotidiano que te depara la vida y
mezclarse en el colorido de faroles y velitas que amenazan apagarse ante la furia cuando asoman de las
brisas decembrinas.
Desde entonces se da inicio al contubernio de una
institución y una hinchada que rotulan el compromiso irrenunciable de “La
Pasión de un Pueblo”. Crece y se reproduce el emblema de una afición y se
consolida la relación de una organización recreativa y el adelanto de una
ciudad que es el símbolo del progreso de la Costa Atlántica.
Los dos caminan apareaditos, compartiendo cuitas y
consejas, alegrías y tristezas, lágrimas y sonrisas, triunfos y derrotas. Lo que es a Barranquilla es a Junior y lo que
tiene relación con la pasión rojiblanca también hace parte del inventario de
las costumbres, tradiciones y
actividades deportivas de los curramberos, un pueblo “berrochon” que le ama con
la fuerza de la idolatría.
Son inagotables los episodios que rodean los ochenta y
cinco abriles que cumplirá el equipo
tiburón en pocos dias, impregnados de triunfos y derrotas, pero aun así, los
amores siguen imperturbables tal como lo han destacado los personajes que han
experimentado estos amoríos; Álvaro Cepeda Samudio, ”El Loco” como le tildaban
sus contertulios de la Cueva, decía en
uno de sus arrebatos,” Junior es la querida de Barranquilla” y el tiempo
le ha dado la razón, se aman, se quieren, pelean, llegan a las puertas del
odio y por nada del mundo se olvidan.
Barranquilla procera e inmortal / ceñida de agua y
madurada al sol / ilusión del Caribe Blanco Azul, es orgullosa de “la amante”
que tiene, por la forma como viste de riguroso rojiblanco, colores que
despiertan la pasión, la entrega, la inspiración, la poesía y el arte de
quienes admiran y perpetúan sus amores por esta pareja ideal. Esta relación
reciproca es análoga en el hito del fútbol mundial, es como la del barrio de la
Boca a los colores azul oro que identifican a Boca Juniors en la Bombonera de
Buenos Aires. También podríamos aseverar que es comparable a la afinidad que
existe entre la capital Argentina, el River Plate- el club de la banda cruzada-
y su multitudinaria afición. Y porque no decir que se puede asimilar a los
sentimientos de todas las aficiones del mundo en especial la brasilera cuyo
caudal emotivo le rinde culto a la leyenda, la pasión, la obsesión, la victoria,
la Gloria y a los ídolos.
En el tema que nos ocupa, el Junior de Barranquilla es
la identidad deportiva, folclórica y cultural del Pueblo Costeño. Ser
Juniorista es defender y difundir a los cuatro vientos los dichos y costumbres
del Caribe Colombiano, como patrimonio intransferible del sentir caribeño máxima expresión de la Barranquillería. Es el
carnaval, es el Ñero, quien lo vive y
quien lo goza. Es la luna de Barranquilla, que tiene una cosa que maravilla, es
la manifestación social de una
colectividad que vive al vaivén de sus resultados, porque la alegría o la
tristeza currambera están supeditadas al
momento en que el Junior convierta o le anoten un gol. El Termómetro anímico de
la “Puerta de Oro “se mide con facilidad los lunes y los jueves antes y después
de los partidos, todo depende como le vaya al equipo tiburón.
Este
historial que a diario engrosa su paginas se ha escrito a cuatro manos entre
hombres y mujeres forjadores de grandes ideales, quienes gracias a su
perseverancia han llenado de tardes gloriosas el gramado del Romelio Martínez y
el Metropolitano Roberto Meléndez. Allí por fortuna aparecen hombres de nuestra
tierra vallenata cuyas actuaciones están escritas con letras en molde en oro, José María Pazos, Carlos Araujo, Jesús
“ElKiko”Barrios y Amín “El Canguro” Bolívar, y no hace mucho Martin Arzuaga,
“El Toro” de Becerril, quienes se encargaron de hacer ese aporte que los
vallenatos jamás olvidaremos. Mientras tanto seguimos a la espera de más y
mejores resultados para reeditar lo dicho por el argentino José Varacka ,”Al
Junior hay que quererlo, como se quiere a una Mujer” ,o si prefiere dígalo
como lo dice el Negro Edgar Perea, hoy
flamante embajador en Suráfrica, amoldando una frase paternalista...”El Junior
es tu Papá....