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Por: Rafael Oñate Rivero
El Junior.....la querida de Barranquilla

Los primeros párrafos de esta rica historia, que contiene ochenta y cinco capítulos llenos de  memorables jornadas deportivas se  escribieron en una cálida noche barranquillera del siete de agosto de l.924, en la intersección de Calle de las Vacas y el Callejón del Buen Retiro por iniciativa de Doña Micaela Lavalle, una dinámica mujer apasionada por el deporte que practicaban sus hijos, Juan, Marcos y Gabriel “vigorón “Mejia.

 

 En los parámetros rectores de la Institución Deportiva quedo registrado un decálogo que no se podía profanar como era el de enaltecer el espectáculo del buen fútbol y el respeto por la tradición y las buenas costumbres de la Capital del Atlántico, sede inamovible de su retórica andanza. Cual era Defender con lealtad y pundonor  los colores, amarillo, rojo y verde de la “Ciudad más Chévere” del mundo, identificarse con los atributos que la naturaleza dio al terruño que le vio nacer, las cayenas florecidas, los tambores replicantes de la cumbiamba, el sudor copioso  de la barriada que juega a la bola de trapo, confundirse en la originalidad del disfraz cotidiano que te depara la vida y mezclarse en el colorido de faroles y velitas que amenazan  apagarse ante la furia cuando asoman de las brisas decembrinas.

 

Desde entonces se da inicio al contubernio de una institución y una hinchada que rotulan el compromiso irrenunciable de “La Pasión de un Pueblo”. Crece y se reproduce el emblema de una afición y se consolida la relación de una organización recreativa y el adelanto de una ciudad que es el símbolo del progreso de la Costa Atlántica.

 

Los dos caminan apareaditos, compartiendo cuitas y consejas, alegrías y tristezas, lágrimas y sonrisas, triunfos y derrotas.  Lo que es a Barranquilla es a Junior y lo que tiene relación con la pasión rojiblanca también hace parte del inventario de las costumbres, tradiciones  y actividades deportivas de los curramberos, un pueblo “berrochon” que le ama con la fuerza de la idolatría.

 

Son inagotables los episodios que rodean los ochenta y cinco abriles que  cumplirá el equipo tiburón en pocos dias, impregnados de triunfos y derrotas, pero aun así, los amores siguen imperturbables tal como lo han destacado los personajes que han experimentado estos amoríos; Álvaro Cepeda Samudio, ”El Loco” como le tildaban sus contertulios de la Cueva, decía en  uno de sus arrebatos,” Junior es la querida de Barranquilla” y el tiempo le ha dado la razón, se aman, se quieren, pelean, llegan a las puertas del odio  y por nada del mundo se olvidan.

 

Barranquilla procera e inmortal / ceñida de agua y madurada al sol / ilusión del Caribe Blanco Azul, es orgullosa de “la amante” que tiene, por la forma como viste de riguroso rojiblanco, colores que despiertan la pasión, la entrega, la inspiración, la poesía y el arte de quienes admiran y perpetúan sus amores por esta pareja ideal. Esta relación reciproca es análoga en el hito del fútbol mundial, es como la del barrio de la Boca a los colores azul oro que identifican a Boca Juniors en la Bombonera de Buenos Aires. También podríamos aseverar que es comparable a la afinidad que existe entre la capital Argentina, el River Plate- el club de la banda cruzada- y su multitudinaria afición. Y porque no decir que se puede asimilar a los sentimientos de todas las aficiones del mundo en especial la brasilera cuyo caudal emotivo le rinde culto a la leyenda, la pasión, la obsesión, la victoria, la Gloria y a los ídolos.

 

En el tema que nos ocupa, el Junior de Barranquilla es la identidad deportiva, folclórica y cultural del Pueblo Costeño. Ser Juniorista es defender y difundir a los cuatro vientos los dichos y costumbres del Caribe Colombiano, como patrimonio intransferible del sentir caribeño  máxima expresión de la Barranquillería. Es el carnaval, es el  Ñero, quien lo vive y quien lo goza. Es la luna de Barranquilla, que tiene una cosa que maravilla, es la manifestación social  de una colectividad que vive al vaivén de sus resultados, porque la alegría o la tristeza  currambera están supeditadas al momento en que el Junior convierta o le anoten un gol. El Termómetro anímico de la “Puerta de Oro “se mide con facilidad los lunes y los jueves antes y después de los partidos, todo depende como le vaya al equipo tiburón.

 

Este historial que a diario engrosa su paginas se ha escrito a cuatro manos entre hombres y mujeres forjadores de grandes ideales, quienes gracias a su perseverancia han llenado de tardes gloriosas el gramado del Romelio Martínez y el Metropolitano Roberto Meléndez. Allí por fortuna aparecen hombres de nuestra tierra vallenata cuyas actuaciones están escritas con letras en molde en  oro, José María Pazos, Carlos Araujo, Jesús “ElKiko”Barrios y Amín “El Canguro” Bolívar, y no hace mucho Martin Arzuaga, “El Toro” de Becerril, quienes se encargaron de hacer ese aporte que los vallenatos jamás olvidaremos. Mientras tanto seguimos a la espera de más y mejores resultados para reeditar lo dicho por el argentino José Varacka ,”Al Junior hay que quererlo, como se quiere a una Mujer” ,o si prefiere dígalo como  lo dice el Negro Edgar Perea, hoy flamante embajador en Suráfrica, amoldando una frase paternalista...”El Junior es tu Papá.... 

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